jueves, 11 de julio de 2013

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Lección de márketing por Marco Aurelio

La gran virtud que tiene el marketing es que, además de comunicar, puede persuadir. Tiene la capacidad de hacer pasar por apetecible, o incluso imprescindible, a ojos de un cliente, cualquier producto o servicio.
Marco Aurelio (Roma, 121-180) además de un todopoderoso emperador, fue un filósofo. Como buen representante de la escuela de los Estoicos, abogaba por valorar las cosas en su justa medida, despojándolas de todas esas connotaciones que la imaginación o el deseo (hoy añadiríamos “el marketing”) puede instalar en la mente:
Cuando un objeto aparezca a la imaginación como muy estimable hay que examinarlo interiormente, considerar su valor intrínseco y despojarlo de todo aquello que puede darle una dignidad ficticia.
Los ejemplos que pone el propio Marco Aurelio son expresivos: “cuando se nos presenten a la mesa exquisitos manjares y otros alimentos, puedo perfectamente decirme: esto es un cadáver de pescado, aquello un cadáver de pollo o de cerdo; aquel vestido de púrpura no es más que un tejido de lana vieja de oveja. En cuanto a los placeres del amor, solo son un contacto de cuerpos, un friccionar de nervios, que produce espasmos y excreción de la materia espermática
Lo que Marco Aurelio propone es un ejercicio mental que, realizado en sentido inverso, puede ser interesante para los estudiosos del marketing. Tomando como punto de partida el valor meramente intrínseco de un producto (un pollo o un tejido de lana), se debe dotar a ese producto de esas connotaciones que lograsen crear en el consumidor que se trata de un exquisito manjar o de un precioso vestido. Por ejemplo, si pensamos en un vestido como un simple trozo de tela, a partir de ahí podemos añadirle virtudes y hablar de los beneficios que puede generar a una posible compradora (elegancia) o de la rentabilidad que tiene por su precio, o la exclusividad de la marca, etc.
De lo que se trataría, en definitiva, es de dotar a ese producto de lo que el mismo autor llama “una brillante apariencia de seducción peligrosa”. Y de eso, quien más sabe es el marketing.

Seis pasos para convertir un plan en acción.

Para la ejecución de cualquier proyecto es importante poder desarrollar un plan con el mayor detalle posible que permita conocer con perfección las metas que se pretenden alcanzar, así como los hitos que se deben ir alcanzando a lo largo del camino. La meta final debe ser fragmentada en “x” hitos intermedios que deberán ser alcanzados antes de la consecución del objetivo final. De esta forma, un objetivo grande, o a muy largo plazo ha quedado reducido en varios subobjetivos más pequeños, y/ó más inmediatos, que nos permitirán ir midiendo nuestro progreso.
La fragmentación del objetivo final en subetapas nos permite gestionar mucho mejor las desviaciones. La toma de decisiones también se simplifica, pues es posible decidir con mayor inmediatez en un entorno de menores dimensiones.
Una vez conocemos esto, ya tenemos trazada la ruta. Ahora es momento de empezar a diseñar la estrategia para la consecución de las distintas etapas que hemos diseñado previamente.
Para cada etapa, debemos determinar :
-    Objetivo que pretendemos alcanzar.
-    Fechas para la realización.
-    Personas de la organización que podrían estar involucradas en el proyecto.
-    Personas ajenas a la organización que podrían ser de utilidad en nuestra andadura.
-    Personas que podrían ser un impedimento en el camino.
-    Obstáculos que podríamos encontrarnos en nuestro recorrido.
-    Posibles soluciones o alternativas a cada una de los obstáculos que ya prevemos inicialmente.
El diseño de la estrategia teniendo todo esto en consideración nos sitúa en una posición de mayor certidumbre, y nos permite anticiparnos adecuadamente a muchas de las cuestiones que nos vamos a encontrar. Evidentemente, no seremos capaces de preverlo todo. El azar existe, pero sí es cierto que podremos reducir la certidumbre en un porcentaje importante. Así, estaremos preparados desde el minuto cero para todo lo que sabemos que podrá ocurrir.
Llegado a este punto, ya sabemos el objetivo final, los subobjetivos intermedios, y la estrategia que vamos a llevar a cabo en cada etapa intermedia.
Pues bien, ha llegado el momento más importante. El momento de pasar a la ACCIÓN. Es el momento en el que cerramos el libro de la teoría, y empezamos a poner en práctica todo lo que hemos previsto.
Para la ejecución de todo el plan, podríamos destacar las siguientes cuestiones :
1 – El líder del proyecto debe ejercer su condición. Deberá compartir la información con el resto del equipo y conseguir su involucración total para que cualquier acción que se desempeñe por cualquier miembro de la organización esté siempre orientada hacia el objetivo ó subobjetivo. Las personas que componen el equipo deben entender muy bien lo que se persigue, y reconocer los objetivos a alcanzar como suyos. La implicación, en este punto es muy importante.
2 – Determinar con la mayor velocidad posible dónde están los puntos críticos de cada etapa. El hecho de haber previsto con antelación qué personas o cuestiones podrían suponer un obstáculo nos permitirá anticiparnos para evitar la influencia negativa de estas personas o cuestiones.
3 – Poner en contacto a las personas de nuestra organización con las personas externas que hemos determinado que podrían ser claves para la consecución de un buen resultado.
4 – Cuando aparezcan las dificultades, el hecho de compartirlas con la organización, y comentar cómo ya habían sido previstas, y de qué forma se habían previsto solucionar, ayudará a encontrar el camino adecuado.
5 – Análisis del progreso. Cualquier movimiento que se produzca debe ser medido en términos de acercamiento hacia el objetivo. La remuneración y los incentivos deben estar alineados con la consecución de los resultados planificados. Identificar los hitos clave, y establecer qué recompensa existirá en cada momento por la consecución de ciertos resultados podrá ser un excelente incentivo para la organización.
6 – Compartir los éxitos. Cuando se consiga algún hito importante, éste deberá ser compartido con todos los miembros del equipo. Supondrá un importante aliciente en el camino para conseguir el objetivo último principal.

Cómo emprender en la escuela

Estamos participando en una excelente iniciativa llevada a cabo por Jovempa (Asociación de jóvenes empresarios de la provincia de Alicante) que pretende trasladar el concepto de “emprender”  a niños de entre 9 y 10 años del colegio “Sagrada Familia” de Elche, en colaboración con la Obra Social CAM.
El programa consta de varias jornadas teórico-prácticas en las que explicamos a los niños qué es emprender, por qué es necesario emprender, y cómo se puede emprender. Dada la edad del público objetivo, los conceptos se desarrollan con una extrema simplicidad. Tratamos de transmitirles ideas muy sencillas que les permitan captar el mensaje de que la actitud orientada hacia el esfuerzo, el sacrificio y la dedicación puede acabar generando un gran impacto en sus vidas.
El programa ha sido minuciosamente diseñado para destacar los puntos esenciales, y prevé una parte práctica importante, en la que los niños, organizados en grupos de 10, y supervisados por un tutor ponen en marcha la creación de un proyecto que pretende desarrollar un producto que finalmente podrán “vender” entre los padres del colegio.
Me gustaría compartir con vosotros la experiencia que he vivido con el grupo que tutelo.
En la jornada inicial, les pusimos ejemplos de empresas que están presentes en sus vidas, de personas que han generado importantes desarrollos,…, y tratamos el concepto del “fracaso”, como parte del camino en la vida del emprendedor.Entendimos que es muy importante explicarles no sólo los éxitos conseguidos por determinadas personas, sino también el esfuerzo que necesitaron realizar y las dificultades que encontraron.
Mi grupo cuenta con 10 niños. Hay 4 niños, y 6 niñas. Cuando empezamos a poner en marcha el proyecto, empecé preguntando los hobbies de cada uno de ellos para intentar canalizarlo hacia sus aficiones. Unos me comentaban que les gustaba la fotografía, otros la pintura,…
Durante este proceso, valoramos la posibilidad de realizar distintos productos. Observé que cuando alguno de ellos proponía alguna idea, varios de sus compañeros coincidían en su respuesta, diciéndole :”eso es muy difícil”, “eso es imposible”. Parece que el concepto de difícil, fácil o imposible ya es algo que tienen muy bien aprendido a los 9 años. Pedí que dejasen al margen estas valoraciones, y que simplemente tratasen de proponer aquello que les apeteciese poder llevar a cabo, con independencia de su complejidad. Les comenté que al fin y al cabo, la complejidad sólo requeriría más esfuerzo, y que cualquier cosa podría acabar siendo desarrollada. Aquí me vino muy bien contar con los ejemplos de emprendedores que habíamos utilizado en la parte teórica. Les recordé las dificultades que encontraron algunos de ellos, y cómo fueron finalmente superadas.
Finalmente, decidieron poner en marcha un proyecto de camisetas, en las que podrían representar sus diseños, fotografías,…
Una vez definido el producto, nombramos a los responsables del grupo para cada una de las áreas que deberían llevar a cabo. Unos se encargarían de las fotografías, otros de realizar los diseños a imprimir en las camisetas, otros de buscar las frases, otros de traducir algunas de ellas al inglés,…
Aquello empezaba a funcionar. Los niños empezaban a sentirse ilusionados por un proyecto que empezaba a coger forma.
Realizaron una exposición en público ante sus compañeros, y explicaron qué iban a hacer, cómo iban a hacerlo, y las responsabilidades que cada uno de ellos había asumido en el proyecto.
En un momento determinado, pregunté qué haría cada uno de ellos con el dinero que se generase con la venta de las camisetas. Tras la pregunta, me costó contener el ánimo, y con dificultades por la excitación generada, fui preguntando uno a uno esta cuestión. En aquel momento, los niños vieron que a través de este proyecto podrían conseguir metas mayores. Respondieron que producirían más camisetas con otros diseños,  que pondrían en marcha otros proyectos de pantalones, que ayudarían a sus padres en casa, que se comprarían una cámara fotográfica con la que hacer mejores fotos, que comprarían un Iphone, … En definitiva, vieron que a través del proyecto de las camisetas podían llevar a cabo algunos de sus sueños, y así pasaron de la neutralidad o escepticismo de la teoría inicial al júbilo de la aplicación práctica.
En un principio, yo tenía dudas de si podría mantener en ellos esa actitud, ilusión y empeño inicial. En sesiones posteriores, he podido comprobar que su ilusión va “in crescendo” a medida que el proyecto va avanzando. He quedado gratamente sorprendido al ver cómo en sucesivas sesiones, cada uno de ellos ha ido ejecutando los compromisos adquiridos, y cómo incluso entre ellos se han animado y controlado para que el avance del grupo sea uniforme.
Para mí, la experiencia ha sido maravillosa. Me ilusionó que incluso uno de ellos me llegase a proponer si podríamos hacer proyectos reales conjuntamente una vez concluido este programa. Escuchar esto de un niño de 9 años me ha desmotrado que la experiencia les ha resultado muy positiva. Que han disfrutado en el proceso, y que el mensaje de que pueden desarrollar sus propias ideas, productos o proyectos lo tienen ya en su interior. Las respuestas iniciales de “difícil”, “imposible”,… han sido traducidas en un proyecto real, al alcance de su mano que les ha enseñado un camino. Por mi parte, también he disfrutado en este proceso, y cuando finalizaba cada sesión, siempre salía pensando que “durante ese día, no podría hacer nada que me diese tanta felicidad como lo que había hecho con esos niños”. Mi objetivo de contribución se encontraba realizado.
Por mi parte, me siento profundamente feliz y orgulloso de haber contribuido a despertar esta inquietud en niños de estas edades. Espero que esta “semilla” germine y genere los frutos que esta sociedad y la del futuro necesitan.
Agradezco que Jovempa me haya dado esta oportunidad, y celebro su iniciativa. Gracias!!!.
© 2013 Miguel Ángel Guilló - http://www.maximopotencial.com
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Inteligencia emocional para niños: Los cuatro secretos


Desde hace unos meses y tras comprobar en primera persona la bondad de la dinámica en la que había entrado nuestro grupo con un refuerzo perenne de la actitud para afrontar la vida mediante lecturas apropiadas, mensajes positivos que hacíamos presente a diario y los hechos prefijados como metas y conseguidos tras tomar acción, decidí crear un impacto positivo similar en mis hijos aun siendo muy pequeños todavía (nueve y seis años, respectivamente).
Entendí que era posible crearles una especie de mantras que repitieran conmigo constantemente, todas las mañanas al despertarse, por ejemplo, y que se convirtiera en una especie de juego para arrancar la jornada con humor, juntos y con cierto enfoque para su subconsciente que, a fuerza de repetidos, afianzara los mensajes en su nivel consciente. Por tanto, no podían ser muchas las sentencias y, lógicamente, priorizar en ellas los temas a inculcar, y este es el resultado:
1º.- “El miedo sólo existe en la mente”, y me remito a un post aquí publicado por el señor Miguel Ángel que borda el tema. Para mis hijos significa, por decir algo en lo que se centran al oír esto, que pueden jugar mejor al fútbol, por ejemplo, si piensan que no van a perder la pelota a la primera. Y repito, si piensan; es decir, les hago hincapié en que si creen que pueden hacer una cosa, tendrán muchas más posibilidades que si piensan que no pueden hacerlo.
2º.- “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Ni que decir tiene que parte del respeto hacia los demás en que debemos educar a nuestra prole. Otras derivadas más de índole social o, sobretodo, el respeto a nuestros mayores, es algo que se me antoja más complicado en estas nuevas generaciones, pero por algún punto hay que partir y qué mejor que se pongan ellos mismos como rasero, ¿no? Ética doméstica.
3º.- “El día es perfecto porque… ¡estamos dentro!”. Aquí sí que radica una idea fuerza que considero básica, y es que no deberían valorar las jornadas por lo que obtienen de cualquiera de las maneras posibles, bien por su trabajo, por los regalos de su aniversario o por casualidad, es decir, por lo que tienen de ese día, que también es importantísimo, ¿cómo no?, sino porque el día, simplemente, es; y eso es algo en sí mismo tan maravilloso y extraordinario que les aseguraría felicidad y una escala de valores que son el mejor regalo que les pudiéramos dejar.
4.- “La fórmula para conseguir las cosas es la Constancia”. Y, por último, una cultura del esfuerzo que se centre únicamente en que se sepa, sin más directrices que la propia sentencia erosionando su percepción de las cosas, pues la libertad de hacer con su tiempo lo que quieran es la otra variable ligada a la responsabilidad, y en esa área mi opinión es que no deberíamos los educadores entrar con demasiada frecuencia, tan solo estimularla con el grado de insistencia que la ocasión requiera, pero intentando conseguir que les brote a ellos (y sé, perfectamente, que es muy difícil…).
Pues bien, como pienso que las cosas que uno considera que van bien o le dan buen resultado y que son importantes están mejor en manos del compartir, ahí les dejo este método por si pudiera servirle a alguien, ya que en el medio año que yo lo uso veo que podría tener una buena proyección a futuro.
No quisiera acabar sin decir que no soy especialista en ninguna área de formación ni lo pretendiera, que únicamente y con la mayor humildad me ha apetecido tratar un tema que para mí es básico desde el esfuerzo que hago en mi propia casa. Nada más.
http://maximopotencial.com/inteligencia-emocional-para-ninos-los-cuatro-secretos/